M. Cordoba mcordobaauthor.com

Lectura anticipada | Jacaranda

Dos mujeres. Dos hombres que lo controlan todo. Una condición: no desaparecer.

Dos novelas cortas de romance adulto. Hay escenas de sexo explícitas, escritas con cuidado, y llegan cuando la historia ya te importa.

Te regalo las dos novelas a cambio de tu reseña honesta. Llegan a tu correo en PDF y se leen en el teléfono o en la computadora. Si te atrapan o si te incomodan, quiero saberlo.

  • 2 romances completos
  • Escenas explícitas, con cuidado
  • +18 público adulto
  • 2 o 3 horas por historia

Formulario de lectura

Cuéntame un poco de ti

Son dos novelas cortas: cada historia se lee en un par de horas. Recibes el libro gratis; a cambio, dejas tu reseña honesta en un plazo de dos semanas.

¿Qué te atrae más en un romance?

Lo que vas a leer

Una sala de juntas en la ciudad. Una casa fría junto al mar.

Dos historias completas e independientes: cada una empieza y termina en este libro.

Valeria teme partirse en dos. Rubi teme que el matrimonio la apague. Ninguna acepta amar a costa de sí misma.

El Juego de los Larraín

Cliente y ejecutiva · alta sociedad · embarazo inesperado

Valeria fue a conquistar un contrato. Esteban Larraín terminó conquistando su control. Después llegaron su madre, un conflicto de interés que le costó el proyecto y un embarazo de gemelos que ningún plan contemplaba.

Él no estaba listo. Ella tampoco. Pero decidieron tener miedo juntos.

El Encanto de la Yara

Jefe y empleada · playa de Uruguay · duelo y deseo

Rubi llegó a Punta del Este a hornear en una casa ajena, buscando un lugar donde el dolor no la conociera. Daniel controlaba empresas, reuniones y silencios. No pudo controlar lo que sintió cuando ella entró por su portón.

Él le regaló un vestido verde. Ella le devolvió un futuro.

Un pedazo de cada una

No me creas. Lee.

Elegí la escena culminante de cada novela: el momento donde la tensión ya no se puede disimular. El resto del libro es el camino que las hace posibles. Las dos paran justo donde tú querrías seguir.

El Juego de los Larraín

El escritorio

—Aquí no. Si mi madre nos ve… va a incendiar la ciudad.

Murmura, grave.

—¿Y qué? ¿Le tienes miedo?

Pregunto, tocando justo donde duele. Frunce el ceño pero no retrocede.

—No es miedo. Es respeto.

Ese respeto es su ruina y mi ventaja.

—Entonces dejémoslo así.

Digo, soltándolo. Doy un paso atrás, pero no llego lejos. Su mano rodea mi muñeca con una fuerza contenida, medida. Esa fuerza que nace justo antes de que un hombre pierda el control.

Me jala hacia él y me besa. El beso llega como una decisión tomada hace mucho. Tiene sabor a decisión, a deseo, a peligro. Me muerde el labio apenas, como quien tantea la frontera entre el autocontrol y la entrega.

—Vamos a mi cuarto.

Susurra, todavía pegado a mi boca.

—No. O aquí… o nada.

Respondo sonriendo. Entonces ocurre. Se quiebra de la forma más hermosa. Lo empujo suavemente contra el escritorio de Grecia. Sus manos me buscan de inmediato, urgentes, temblorosas, como si llevaran días esperando permiso para existir.

Y justo entonces se abre la puerta.

El Encanto de la Yara

El vestido verde

Rubi estaba de pie frente al espejo. Luchando graciosamente con los lazos del vestido.

La prenda abrazaba su cuerpo como si hubiera sido creada específicamente para ella. El tono verde realzando el dorado de su piel y el castaño profundo de sus ojos. Pero lo que capturó la mirada de Daniel fue su espalda: expuesta, vulnerable, apenas cubierta por la tela suelta.

Ella lo vio a través del reflejo. Sus ojos se ensancharon por un instante. No con alarma, sino con una especie de reconocimiento. Como si hubiera estado esperando ese momento sin saberlo.

—Señor Daniel...

Pronunció su nombre con sorpresa y un temblor nuevo en la voz.

Y entonces, en lugar de cubrirse o mostrar pudor, sonrió.

Una sonrisa lenta. Consciente del poder que ejercía sobre él en ese preciso instante.

—Siga, entre y ayúdeme a amarrar el vestido. ¿No es bonito?

Él, un poco aturdido por la situación y por sus propios pensamientos atrevidos, entró. Cerró la puerta detrás de sí.

El clic de la cerradura resonó como un latido en el silencio de la habitación.

Rubi se colocó frente al espejo. Sosteniendo el vestido con una mano para cubrir sus pechos mientras recogía sus cabellos ondulados con la otra. Dándole espacio para que pudiera amarrar el lazo.

Daniel se acercó a ella con pasos medidos. Consciente de cada movimiento. De cada respiración.

El espacio entre ambos se fue reduciendo hasta desaparecer. El aroma de Rubi, una mezcla de vainilla y algo intrínsecamente suyo, lo envolvió como una invitación.

Notó cómo sus dedos temblaban ligeramente mientras él pasaba el lazo del vestido por su cuello.

—¿Está muy apretado?

Murmuró. Inclinándose ligeramente. De modo que su aliento acarició el lóbulo de su oreja.

Rubi negó con la cabeza. Sin palabras.

El roce de sus manos le cortó el aliento. Por un segundo, no pensó en nada.

Las manos de Daniel, en lugar de anudar el lazo, se demoraron en la tarea. Lo sostuvo mientras contemplaba la espalda desnuda de Rubi.

Algo en la respiración de Rubi había cambiado. Se había vuelto más superficial. Más rápida.

A través del espejo, sus miradas se encontraron. Él vio en los ojos de ella que ya no había vuelta atrás.

El vestido cae. Y nadie vuelve a fingir que esto era por los lazos.

Si quieres las dos completas, te las envío.